En según que momentos, sin estar sujetas a previo aviso llegan. Cual golpe de aire inesperado en cualquier boca de metro. No sabemos porque, si merecidas o no, pero llegan.
Las malas noticias deberían venir en forma de ayuda a la superación de uno mismo, de los malos momentos, de la intriga, de los nervios, del no saber estar, o bien, del no saber que hacer. Cada uno de nosotros reacciona a su manera.
Unos prefieren esquivarlas, cual golpe de aire inesperado en cualquier boca de metro, habiendo sido visto golpear a los que bajan las escaleras primero. Otros se limitan a chocar con ellas, para que al resto no les afecte tanto, o de la misma manera que a ellos, ya que prefieren recibirlas personalmente, con la finalidad unica de que el resto continue bien, sin despeinarse, sin que se vuelen la mayoría de los papeles sujetos bajo el brazo donde están escritas las frases que haran que todo continue donde este, que todo continue bien, mientras corre a por ese metro que parece tener prisa por llegar a la siguiente parada, o que simplemente es conducido por alguien que prefiere terminar su trabajo antes de tiempo para poder ir a almorzar, comer, cenar, etc.
Las malas noticias pueden llegar en cualquier momento y en cualquier lugar. A menudo me pregunto si quien las trae es siempre la misma persona, o porque en su totalidad, mas de la mitad de la relación que tenemos con dicha persona se basa en malas noticias. Supongo que deberían enseñarnos otro tipo de cosas en el colegio, como el echo de no hacernos unas falsas expectativas de alguien a quien consideramos importante para nosotros, pero eso es otro tema.
Las malas noticias deberían ser opcionales, como el que elige el sabor de su refresco, de su postre, o bien el tipo de diario deportivo, o politico, según la ideologia que tiene en mente. Las malas noticias solo deberían afectar a aquellos que lo eligieran, ya que todos aquellos que no quisieran sufrirlas solo tendrían que luchar.
Luchar es algo que se me da tan mal últimamente...
A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza.

